miércoles, 7 de octubre de 2009

La crisis de Latinoamérica


A todas horas, en la noticias y en las calles, se habla de la recesión económica que sufre América Latina.

Se repite una y otra vez que este año se han perdido millones de empleos, que el salario mínimo aumenta muy poco cuando los impuestos aumentan mucho, que la inflación amenaza con traer serias consecuencias, que no se podrá salir del problema fácilmente… y un largo etcétera.

Sin lugar a dudas, la situación es grave y preocupante. Se estima que entre 9 y 10 millones de latinoamericanos volverán a un estado de pobreza tan sólo en el transcurso del año actual. Considerando que al menos 60 millones de ellos apenas superaban la pobreza en el período que va de 2002 a 2008, se observa que es un enorme retroceso de aproximadamente 16% de lo obtenido en la última década.

De igual forma, si en 2008 poco más de la mitad de la población mexicana no podía satisfacer sus necesidades básicas, hay que sumar a la cuenta 5 millones de personas más este año.

¿Qué es lo que está pasando?

Es muy probable que la dependencia que se tiene de la economía norteamericana sea causa de gran parte del problema. Así mismo, las acciones y políticas que sólo benefician al sector privado han dañado el derecho legítimo de las personas a un trabajo justamente remunerado y a un ambiente digno, donde el estrés laboral no tenga que llevar a tragedias como la serie de suicidios ocurridos en los últimos meses entre empleados de la compañía France Telecom, donde parece que los individuos son simples máquinas de mayor o menor valor, según su producción.

Se habla de crisis; sí, una crisis mayor para las personas que viven permanentemente en crisis, pero no para la elite empresarial que se enriquece día a día cada vez más.

Al gobierno le importa muy poco la sociedad, y si sus funcionarios se preocupan un tanto porque un país no quede en quiebra, es sólo en la medida que puedan mantener sus propias posiciones y respectivos beneficios.

El mundo no es de los gobernantes y sus recursos no deberían estar en manos de unos cuantos para detrimento de los muchos; todos los seres humanos deberíamos tener el derecho legal a satisfacer las necesidades esenciales para la vida.

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