miércoles, 14 de octubre de 2009

Premio Nobel ¿de la Paz?


Un príncipe de nuestros días, que no es preciso nombrar aquí, no predica jamás otra cosa que paz y lealtad, si bien de la una y de la otra es hostilísimo enemigo, y de observar la una y la otra hubiera perdido en más de una ocasión o la reputación o el Estado.

Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, cap. XVIII


Por enésima vez el Dios Nobel demuestra que trabaja de maneras misteriosas… O francamente absurdas.


La Academia que otorga dicho galardón se caracteriza por la irregularidad de su criterio, pues si bien ha logrado aciertos (que no se pueden denominar sobresalientes, sino justos, dado los notorios méritos del ganador), también ha comedido flagrantes errores en el pasado al ignorar a genios científicos como Thomas Alva Edison y Henry Moseley, también pasando por alto a pilares de la Literatura como León Tolstoi y Jorge Luis Borges, el eterno futuro Nobel.


Ahora, una nueva ocurrencia suya sorprende al mundo, pues el Comité Noruego ha concedido el premio Nobel de la Paz al actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.


Ya sean a favor o en contra, las reacciones no se hicieron esperar:


“¿Por qué debería recibir Obama el Nobel de la Paz mientras su país posee el mayor arsenal nuclear del mundo y sus soldados siguen derramando sangre inocente en Irak y Afganistán?”, se preguntó Khaled Al-Batsh, dirigente de la Yihad Islámica, en declaraciones a Reuters.

Resulta difícil de creer que se designe estandarte de la paz mundial al primer mandatario de un país que ha encabezado o participado en todas las grandes guerras de los tiempos recientes, una potencia bélica que se ha erigido como una especie de “policía global” que planea disciplinar y controlar el manejo de otras naciones.


Parece que Obama ha sido laureado simplemente por no ser Bush, pero la verdad es que sus actos no difieren mucho de los de éste. Tampoco sus colaboradores. No es coincidencia que los primeros en felicitarlo públicamente por tal reconocimiento sean los gobernantes de países que comparten sus mismos intereses, y no precisamente en materia de armonía y justicia, sino respecto a la presencia armada en Medio Oriente, como Gordon Brown de Gran Bretaña (con 10,000 soldados en Afganistán), Angela Merkel de Alemania (con 4,000), Nicolás Sarkozy de Francia (con 3,400), Silvio Berlusconi de Italia (con 3,250), José Luis Rodríguez Zapatero de España (con 850), entre otros.


Obama ha reiterado a lo largo de este año que no disminuirá el número de tropas norteamericanas en Afganistán; al contrario, estudia la posibilidad de enviar 40 mil soldados más.


“Es muy factible que este comité recompense a alguien que esté involucrado en procesos actuales”, dijo proféticamente Kristian Berg Harpviken, jefe del Instituto Internacional de Paz en Oslo, días antes de que se diera a conocer el dictamen. “Quieren que el premio tenga un impacto en las cosas que están por ocurrir y quieren que afecte los eventos”.


De tal manera, hay quienes consideran que esta distinción le fue dada para obligarlo a actuar a la altura de las expectativas generadas.

“Raramente un premio tiene una intención política y partidista tan obvia. Resulta claro que el Comité Noruego del Nobel lo vio como una forma de expresar claramente la gratitud europea por el final de la administración Bush, la aprobación por la elección del primer negro como presidente de los Estados Unidos y a la esperanza de que Washington honrará su promesa de reconectarse con el mundo. Pero por el contrario, el premio corre el riesgo de parecer absurdo en sus razones, paternalista en sus intenciones y degradante en su intento de elevar a un hombre que apenas ha comenzado el ejercicio del cargo, sin contar que no ha obtenido ningún resultado tangible en pro de la paz”, fue la acertada crítica de Michael Binyon del Times londinense.

Aunque tal vez sea más disimulado, es poco probable que el desempeño de Obama sea diferente al que nos acostumbró su predecesor, pues ya ha hablado de entrar en Pakistán con la misión de derrotar a Al-Qaeda, y ha lanzado acusaciones sobre la existencia de armas nucleares en Irán. ¿Suena conocido? Claro, son exactamente los mismos pretextos que utilizó George Bush para invadir Afganistán e Irak, respectivamente.


Sólo el tiempo dirá si en realidad Barack Obama merece el lugar que simbólicamente ocupa de ahora en adelante junto a la admirable Cruz Roja Internacional y personalidades ejemplares como Martin Luther King, la Madre Teresa de Calcuta, Rigoberta Menchú, Nelson Mandela y el actual Dalai Lama, Tenzin Gyatso.

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