El más reciente material discográfico del grupo británico Muse, lanzado en septiembre, ya ha creado controversia.
Para algunos, The Resistance, álbum compuesto de once temas inéditos, no es más que un intento chapucero, pomposo y malogrado de imitar a la famosa banda del desaparecido Freddie Mercury, a pesar de que el mismo líder de Muse, Matt Bellamy, ha dicho antes que para tal tomó inspiración de Queen, así como de los libros 1984 y El gran tablero de ajedrez, de George Orwell y Zbigniew Brzezinski, respectivamente.
Desde el primer track, Uprising, pareciera que el grupo nos declara que este disco es distinto a su trabajo previo. Los arreglos musicales, la letra, la increíble voz de Matt, que toca la fibra sensible de quien sea que la escucha al cantar el estribillo “they will not force us / they will stop degrading us / they will not control us / we will be victorious”: un verdadero himno.
Así llega el homónimo Resistance, con su pegajoso “it could be wrong, could be wrong…”, repitiéndose como un mantra, perfilándose ya como tema favorito de gran número de fanáticos, pues marca la pauta del álbum entero, ambientándonos en ese mundo orwelliano.
Pero, ¿qué me dicen de Undisclosed Desires? Electropop, retro o no, difícil decir que no gusta; por otro lado, se nota que la banda logró señalarnos que es impredecible.
Entonces, aparece la comentada United States of Eurasia, en un tono suave, melódico, conmovedor, elevándose poco a poco hasta un punto máximo espectacular, recordando instantánea y deliberadamente a Mercury, pues Bellamy la llamó un homenaje mucho antes de que el disco saliera a la venta. Ante las críticas, no queda más que decir “but must we do as we’re told?”, citando a la misma canción.
Al terminar el epílogo musical del tema anterior (Collateral Damage), surge Guiding Light, relajante, sencilla y sin pretensiones, casi cumple la función de intermedio, sonando como la banda sonora de alguna vieja película.
Y justo en ese momento suena Unnatural Selection, peleándose el puesto del material mejor logrado con su guitarreo agresivo, su letra protestante y su ritmo cambiante.
MK Ultra hace su psicodélica entrada, pero va tomando cuerpo. Logra su objetivo: nada que reprocharle a los riffs.
Del bastante extraño I Belong to You/Mon Cœur S'ouvre à ta Voix hay poco que decir, inicia con una tonada sugerente y termina siendo tan teatral que lo único que la salva es retomar el estilo del principio. De la letra, ni hablar.
En este punto empieza lo más impresionante del álbum, la sinfonía Exogenesis. Esta obra dividida en tres partes, Overture (llena de una emocionante atmósfera de tristeza y preguntas tortuosas), Symphony (simplemente magnífica) y Redemption (ningún final más adecuado que esta bella melodía de perdón).
Basta escucharlo una vez para saber que este disco épico, más que hecho en honor a Queen, en cuyo caso queda muy corto, es un elogio a 1984, que retrata un mundo curiosamente tan distinto y tan igual al nuestro.














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